La gran farsa

Bajo este sugerente título podría escribirse sobre un montón de cosas: el fútbol, la política, la amistad, la familia, el tercer sector, los medios de comunicación, la música y prácticamente sobre cualquier cosa que puedas imaginar. O más concretamente, sobre el sinfín de intereses entremezclados en todo lo anterior (o en buena parte de ello). En definitiva, sobre la vida misma. Aunque una vez asumes que no sabes nada y el engaño está a la orden del dia, puedes echarle arrestos y acercarte a todo ello con optimismo, descreimiento y pragmatismo. Mirarlo todo con cierta perspectiva ayuda a ser feliz. Y si no, que se lo pregunten a ese gran filósofo que fue Groucho Marx: “Disculpen si les llamo caballeros, pero todavía no les conozco bien”.

Bien, una de las grandes farsas que me sublevan es la que rodea a la industria de la música en este país. Cuatro tipos cortan el bacalao y se crean listas, premios y montajes varios para deleite propio y escarnio del personal. Existe un lobby (SGAE) y varios pseudolobies (AIE, AGEDI…) o mejor, wanabees, quieroynopuedo en terminología guiri, que mueven el dinero de la música de este país y nos tienen distraídos con el dicho canon digital (algo sobre lo que  básicamente no estoy en contra) para que nadie apunte al meollo de la cuestión: la gestión y reparto del dinero del negocio. Pero al grano, que la intro pretendía ser corta (vamos, una introducción simplemente) y casi se convierte en un post entero. Con el título de “La Gran Farsa”, el diario Público se lanzó el pasado domingo a denunciar el proceso opaco que rodea a los Premios de la Música. Recomiendo el artículo y la columna de opinión “Aristocracia en la Música” de la periodista Patricia Godes que lo acompañaba. También de interés resulta “Paren que quiero bajarme”, publicado en enero por el veterano Diego A.Manrique en El País, en el que denuncia la confección de las listas de éxitos españolas.

Y todo ello en un momento en que no paramos de escuchar a la industria del ramo quejarse por la crisis discográfica. Una crisis que ellos mismos han provocado por desatender la música (el corazón del negocio), por no atender a quién realmente ama la música y por vendernos a precio de oro lo que en realidad no te llevarías ni aunque te pagasen por ello. En una acertada reflexión de Patricia Godes publicada hace unos años en Ladinamo-LDNM sobre la crisis de la industria discográfica y sus causas (linko a una versión del texto que he encontrado por ahí), se apuntaba ya entonces entre otros motivos que la oferta de la industria del disco es excesiva y gratuita:

Teniendo en cuenta que el disco no es un bien de consumo esencial como el jabón o el pan, la mayor parte de productos están destinados al fracaso. Las estadísticas no mienten: la mayor parte de los discos venden menos de cien copias. El exceso de nuevos valores todavía empeora más la situación. No se cuida a los clásicos porque, en caso de éxito, los contratos con los novatos resultan más beneficiosos para las compañías que los de los artistas consagrados, más exigentes, para empezar, en los tantos por ciento de beneficios”.

La cosa sigue igual. Y a ello hay que añadir otro elemento del que no se habla mucho pero no tardará en salir a debate: el fin de los derechos de propiedad intelectual por transcurso del periodo de protección. Escribiré de ello otro dia, pero enlazo con un artículo publicado en la web de la OMPI que resume la historia de la protección del talento.

5 Comments

Deja un comentario / Leave a comment

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s