udos… quo vadis?

No fui (ni iré mañana) a los conciertos de U2 en esta gira 360º porque actualmente no me interesa el circo. Me parece bien que exista y siempre he defendido que el rock es espectáculo por encima de todo. O de casi todo: lo primero es la propia música. Y en eso, U2 hace años que no dan una.

He sido muy fan de la banda. Los descubrí en el ’84 con la edición del Live Under a Blood Red Sky (por cierto, recomiendo encarecidamente que te hagas con la reedición que apareció el pasado año) y aquellas versiones apabullantes de Gloria o Sunday Bloody Sunday. Luego adquirí The Unforgetable fire (1985) -que en su momento me dejó muy frío, a pesar de la majestuosa Pride– y fue ya con With or Without You y The Joshua Tree cuando me rendí a la voz de Bono y a la música de los irlandeses. Aquel disco monumental, de raíces americanas, fue de lo que más escuché durante los siguientes años, casi hasta la edición de Achtung Baby (1991), muy distinto, pero su otra obra cumbre. Fueron en aquél cambio de década uno de mis grupos bandera, y eso a pesar de que siempre he pensado que tienen mejores canciones que discos en su conjunto.

No pude verlos en la gira del 87 en el Bernabeu pero sí lo hice en el Sant Jordi en el Zoo TV Tour (1992), que fue algo espectacular, por el repertorio y la puesta en escena. Allí U2 se habían olvidado del mesianismo de la bandera blanca y encarnaban el más puro showbusiness que en aquella época puedas imaginar. Y eso que no había llegado Bono a meterse en el personaje de Mephisto de su posterior gira. Años despues repetiría experiencia en la gira de Pop Mart (1997), de la que ya salí profundamente defraudado, esencialmente, porque por aquel entonces no tenían ni disco ni canciones de calidad que defender salvo que tirasen de clásicos, y el marqueting lo tapaba todo. Y desde entonces, aunque los he seguido y he adquirido religiosamente sus discos, mi entusiasmo por el grupo ha caído en picado. All That You Can Leave Behind es un buen disco, sin extasiar, pero el sobrevalorado How To Dismantle an Atomic Bomb es para echarse unas risas de lo rídiculo y sobreproducido que resulta. De No Line on the Horizon, poco puedo decir: la falta de ideas es acuciante.

Entiendo que U2 son el máximo exponente del rock de estadios (más que Springsteen, pues añaden espectacularidad escénica) y que las masas adoran a los Dioses… especialmente las que acuden al espectáculo -que no concierto- anual de referencia. Pero si no hay música, esto no es un concierto de rock. Es otra cosa. Y pudiendo, como podemos, disfrutar en Barcelona de auténticas noches de rock y música, pocas ganas me quedan para acercarme a un evento de estos. Los Stones, porque tiran de clásicos. Springsteen, porque aun está en forma y varía el setlist sorpresivamente. AC/DC, porque siguen siendo sólo rockandroll. U2, no way. Y basta con leeer las crónicas de la prensa generalista sobre el concierto de ayer, así como las de los amigos bloggeros y foreros, para confirmar que hice bien quedándome a ver  la última peli de Sidney Lumet… por más que me guste asistir a conciertos. O precisamente por ello.

Recomiendo lecturas: El Periodico, en 3 fases: la crónica U2 deslumbra en el Camp Nou, el editorial Capital del rock, y la crónica de sociedad Guardiola visitó a Bono en el camerino. Los blogs de SanFreeBird o Hugo, con visiones distintas, son también ilustrativos.

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