Barricada rocanrol

Como ya conté hace unas semanas, no había vuelto a ver a Barricada en directo desde el año 1990, cuando la gira de presentación de su primer y grandioso disco homónimo en directo. Así que puesto que el último La Tierra está Sorda me ha gustado mucho, y con informacion fresca sobre sus tremendos conciertos en esta gira, me compré una entrada para verlos hace unos días en Razzmatazz.

¿Qué cómo están los navarros? Pletóricos. Los tres miembros esenciales de la formación, El Drogas, Boni (¡qué garganta tiene el tío!) y especialmente Alfredo Piedrafita están en un estado de forma increíble, intercambiando posiciones continuamente y protagonismo a los solos y las voces. Se les ve con ganas, sabedores de que tienen un repertorio que tira de espaldas, y salen a matar ante un público de antemano rendido. Sus actuaciones esta gira son de unas 3 horas, con unos primeros 80 minutos dedicados a repasar al completo su último disco y -tras un parón de veinte minutos- vuelta a la carga con un segundo set de otros veinte temas repletos de grandes éxitos. Tanto es así, que en algunos momentos el karaoke es brutal, pocas veces he asistido a algo igual. Momentos álgidos los hubo a montones (Todos mirando, Rojo, No sé que hacer contigo, Blanco y negro...), pero me quedo con la sensación de que los mejores minutos transcurrieron durante Písale (la esperaba con ansia y los coros de “corre corre” aún deben retumbar en la sala) y Deja que esto no acabe nunca, ambos cantados por Alfredo.

Pero, pero… la noche no me supo a gloria como parecería menester. En primer lugar, por cuestiones diversas, no pude llegar a la sala hasta las 9,30, justo para escuchar el final de Por la LibertadUna Lágrima en el suelo, las dos canciones con las que cerraban la primera parte del concierto. O sea, que me perdí la presentación de su último disco. Por otro lado, como en los 90’s los discos de Barricada me interesaron en general poco -salvo Por Instinto (1991)-  hubo varios temas que no tenía demasiado asimilados, y algunos ni en directo me convencieron. Lo que no me convenció en absoluto fueron sendas bajadas de la línea del P.A. para que el público cantase a gusto. Fue durante Animal caliente y también con  No hay tregua, en que el grupo elimina la señal de salida y se oye sólo el sonido de los amplis en el escenario. Me pareció un efecto malo, pues el ambiente que ya se creaba con la gente coreando ambos temas por encima del sonido general era más que suficiente para sentir que aquellos son himnos imperecederos del rock español. Y debo añadir que, en general, los bises me dejaron con mal sabor. No hay tregua, por lo ya explicado. El resto, porque me parece material de relleno: Oveja negra (posiblemente, la canción que me quitó el hambre por Barricada durante muchos años), Esta noche o La silla eléctrica me parecen canciones del montón, y todas ahí juntas lograron enfriarme. Una lástima.

En cualquier caso, estos meses de recuperación de Barricada me han devuelto la ganas de escuchar al grupo y revisar algunos de sus albumes post-1990. Algo que no debiera haber dejado de hacer, pues está claro que en Barricada sí se puede confiar. Despido el post con dos maravillas de su disco Latidos y Mordiscos, canciones que jamás deberián haber caído en el baúl de los temas olvidados: Bajo control y Písale, incluídos en los que son sin dudarlo sus dos mejores discos: Rojo (1988) y No hay tregua (1986) respectivamente.

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