Road to entrepreneurship

Camino a la perdición

Road to perdition entrepreneurship podría ser un buen título de película. La vida ya es de por sí complicada, pero la del emprendedor, como se conoce ahora al empresario incipiente, está plagada de obstáculos. En eso estoy yo ahora, y en este blog podrás ir leyendo también sobre ello. No tanto sobre mi proyecto como tal (aunque también), sino sobre la aventura en sí. Con ello me desahogo e igual sirve de estímulo.

¿Por qué meterse a emprendedor? Por necesidad, desde luego. No creo que nadie quiera arriesgar su dinero y dedicar su tiempo (libre) a una aventura incierta y arriesgada. Aunque también en buena parte es debido al carácter. Tienes ganas de hacer tus cosas, hacerlas a tu manera, probar fortuna, liberar adrenalina, canalizar tu hiperactividad, cambiar de aires, mandar a tu/s jefe/s a tomar por culo… Normalmente son varias las razones. En mi caso también. Hace un año dimití, dejé un puesto de directivo bien pagado, un trabajo que me gustaba, pero en el que debido a cambios de personas y proyecto en las más altas instancias, perdí toda capacidad de trabajar según mi criterio. No empezó mal la cosa, pero al final debía dar la cara defendiendo decisiones que no me gustaban y tampoco sabía a ciencia cierta cómo iba a acabar la nueva aventura. Así que lo dejé. Jamás me ha importado asumir marrones y pelearme por ello con quien sea, pero debo creer en lo que hago. Y en aquel momento, no era así. La historia es más compleja de lo contado, pero para entrar en materia es suficiente. Además, esto que suena tan idealista (y lo es), tiene su contraparte y la cuento: por suerte tengo un colchón (como funcionario, un sueldo), así que siempre es más fácil tomar una decisión así a pesar de que los ingresos familiares caigan en picado, pierdas status y privilegios.

Llegó pues el momento de la reinvención. Tenía claro entonces que no me iba a quedar a verlas venir, y como siempre me han rondado ideas y proyectos por la cabeza, decidí que era el momento de montar algo propio (otra vez). Un amigo me dió un gran consejo: lee mucho. Y así es que este último curso, apartado del ritmo intenso de los últimos años, me he dedicado a leer, reflexionar, conectar con mucha gente y prepararme para mi propio proyecto… Y a estar más con mis hijos.

Bastante antes de empezar a pensar siquiera en emprender, ya tenía claro que si montaba un negocio tenía que ser internacional y basado en tecnología. También me rondaba por la cabeza que debía tener muy presentes los avances científicos, y que el campo de la biotecnología parecía un campo interesante (acerca del cual no tengo ni idea). Y ante todo, tenía claro que quería dedicar mi tiempo a algo que, además de permitirme vivir y pagar la hipoteca y la escuela de mis hijos, me gustase mucho y me permitiese gestionar mi tiempo. Tengo la impresión que los últimos veinte años he estado en cosas que realmente me gustaban, incluso me apasionaban, así que no quería renunciar a que las cosas siguiesen igual.

Conversé con Mr. Google (el buscador, por supuesto, ni Larry Page ni Eric Schmidt) y de entre lo primero que leí fue un artículo en (si mal no recuerdo) Todo Startups sobre las motivaciones para emprender. Por qué y cómo. El por qué estaba claro. El cómo, lo he ido descubriendo durante todo este año. Y si tienes curiosidad, podrás ir leyéndolo en las próximas entradas del blog, alternadas como siempre, por mucha música y algo más de otras cosas.

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