Keef & Ronnie

Hace unas semanas acabé de leer la bio de Keith Richards, Life, escrita con la ayuda del periodista James Fox y publicada en 2010. El artífice, junto a Mick Jagger, de todo el repertorio de los Rolling Stones parece haberse acordado de casi todo a pesar de lo deplorable de su adicción en los 70’s y cuenta su vida de forma distentida y casual, con un aire a lo “he tenido la suerte de dedicarme a esto y vivirlo todo, pero sigo siendo el típico mocoso que se crió en Dartford”.

En 2007 hacía lo propio Ron Wood, el otro guitarra de la mítica formación, quien publicaba sus Memorias de un Rolling Stone, que reconozco devoré con mayor celeridad que las de Keith. De perfiles muy parecidos ambos, soy de los que cree que la aportación de Ronnie ha sido fundamental para que los Stones hayan sido aún capaces de dejarnos punteos maravillosos en sus canciones y de dar magníficos conciertos, insuflando energía y buen rollo allí donde Keith y Mick se echaban mal de ojo y se deseaban casi la muerte.

Obviamente, por tratarse de quienes son, los dos libros son absolutamente recomendables. El de Ronnie me pareció hilarante, aventuras y desventuras dignas de una estupenda comedia cinematográfica con, naturalmente, todas las referencias histórico-musiales que hacen las delicias de cualquier fan. En cambio la Vida de Keef es especialmente apetecible para los músicos. Y no sólo por el rollo del sexo-drogas-rocknroll. Es tal la pasión de Keith por la música que ello es lo que le ha permitido sobrevivir a todo. Y el libro lo refleja a la perfección.

Keith habla de su amor por los clásicos del blues y el rock y de la necesidad de sacar aquellos sonidos que escuchaba de pequeño como si le fuera la vida en ello. De la emoción el dia que conoció a Chuck Berry o Muddy Waters, o de los músicos con los que ha compartido escenarios o grabaciones, profesionales o jamaicanos amateurs, como si fuese cualquier fan de la música. De cómo descubrió la afinación abierta mayor y aquello le cambio la perspectiva a la hora de tocar y componer y se abrió a un mundo de sonidos nuevos. Para mi esa es la mayor virtud del libro. De su forma de componer, de la obsesión por finalizar una canción de la que intuyes que falta algo para dar con  la perfección. Lees a Keith hablando de música y es como si lo tuvieses a tu lado contándotelo y mostrandote cómo hacerlo. Algunos fragmentos:

“Una guitarra eléctrica cobra vida de un salto en tus manos, es como si lo que estuvieras sujetando fuese una anguila eléctrica; en cambio la acústica es muy seca y tienes que tocarla de un modo distinto. Pero si logras electrificar ese sonido dierente, lo que sacas es un tono increíble(…). Se produce una especie de cosquilleo en la caja.

“Empecé a tocar los acordes con afinación abierta: territorio desconocido. Cambias una cuerda y de repente te encuentras con todo un mundo nuevo al alcance de las yemas de los dedos. Todo lo que creías que sabías se había ido al traste (…). 

“Hay algo primigenio en la manera como reaccionamos a las cadencias sin ni tan siquiera ser conscientes. Existimos a un ritmo de setenta y dos tiempos por minuto. El tren, aparte de llevarlos del Delta a Detroit, se convirtió en algo fundamental para los músicos de blues por el ritmo de la máquina, el ritmo de las vías”.

Deja un comentario / Leave a comment

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s