Crónica de una dominación cultural

Indies hipsters y gafapastas, de victor Lenore

Indies, hipsters y gafapastas-Crónica de una dominación cultural es desde hace unos meses uno de los libros de moda de la sección música/cultura de las librerías del país. Su autor, Victor Lenore, es un agitador cultural nato, fundador y colaborador de movimientos sociales y culturales alternativos (a destacar Ladinamo o el sello independiente Acuarela), aunque ha colaborado mucho en medios de comunicación de derechas (ABC, La Razón o El Confidencial), y haciendo honor a su trayectoria decide revolverse contra el movimiento hipster que él y sus colegas de RockdeLux y el resto de modernetes del país decidieron encumbrar en los 90’s.

Visto desde el sector rockero (el que los gafapasta denominaban rockista) la cosa ya tenía más pompa que fondo en su momento, pero gracias a Lenore consigues confirmar a base de ejemplos de aquí y de más allí que el hipsterismo era (y es) justo lo que parecía (y parece): una moda que a cierta gente interesa encumbrar y a cierta industria aprovechar. Un escaparate con ínfulas de contracultura antisistema pero muy integrado en el sistema, donde la etiqueta parece llevar a la izquierda pero el fondo está a la derecha, donde el individualismo prima sobre el colectivismo, donde el prejuicio y el desconocimiento está a la orden del día. Lucha de clases, con indies, hipsters y gafapastas de clase media mirando por encima del hombro al resto (“Ya que no cobramos mucho más dinero que los obreros, al menos marquemos distancias estéticas”). Y cuanto más jóvenes, peor.

El libro es divertido y una interesante crónica político-social de un país en cambios que se deja fácilmente llevar por las modas. Así, se pueden leer -y compartir- frases como “La hegemonía cultural, en gran parte, consiste en decir a quien se perdona y a quién no”. Tanto es así, que según vas leyendo, el libro empieza a destilar un aroma podemita y, ya con la mosca detrás de la oreja, llegas al último capítulo que resulta una buena apología del 15M y lo que se deriva… tras dejar ya arrinconada en capítulos anteriores a Izquierda Unida, formación a la que Lenore se había acercado.

Aunque, dicho queda, Lenore se aproxima a la actual novedad con la objetividad del descreído que ya estuvo antes en “lo nuevo” y entiende las contradicciones: “Es desolador acudir a una convocatoria de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y que un grupo de activistas cool pasen el rato pegados a sus iphones intercambiando chistes en Twittter contra la vieja izquierda de la que provenían muchas personas que se habían acercado a impedir un deshaucio. Está claro que hay muchas críticas válidas que hacer a la izquierda tradicional, desde su machismo a su rigidez teórica pero eso no debería pasar por crear pequeñas élites dentro de los movimientos sociales”.

Y se demuestra buen conocedor del ambiente cultural de mi ciudad: “En Barcelona, la fusión de la cultura hipster y las élites de la ciudad es más evidente que en ningún otro lugar (…) dan la impresión de que entre todos -políticos, periodistas, artistas…- están construyendo la ciudad creativa”. “El Sónar es un festival pijo de Barcelona, lo cual siempre da derecho al triple de atención mediática que a Monegros, que se celebra en Huesca y suele atraer a público de clase trabajadora”.

Pero volviendo a lo inmediato del libro, sus 150 páginas se devoran en un par de bocados y nos deja buenos titulares y reflexiones interesantes: “[En la Transición] la industria discográfica española logró segregar toda la música de clase trabajadora condenándola al circuito de casetes de gasolinera”. “Páginas web como Jot Down, substitulada Contemporary Culture Magazine, muestran a la perfección ese tono altivo del licenciado en periodismo que sabe más inglés que la media y no está dispuesto a que lo olvidemos en ninguno de sus párrafos”.

Una vez leído, confirmo que merece la recomendación. Tal vez, y en primer lugar, porque se agradece el sano enfoque con el que el propio Lenore destripa al movimiento (“Este ejército de estetas altivos y alienados, donde yo milité muchos años en la rama de periodismo…”) y a sus iconos (comparar al ejecutivo publicitario Don Draper de Mad Men con los galanes de las novelas rosa de Corín Tellado), dejando constancia que todo el mundo tiene derecho a encumbrar y derribar a diestro y siniestro, y naturalmente a equivocarse.

 

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