Rock’n’roll weekend (to the max)

Fin de semana guitarrero el del 19 al 21. Azkena Rock Festival en Vitoria, esto es, música, gastronomía y colegas foreros, y Kiss, maquillaje, show business y rock and roll all nite, en Barcelona a la vuelta. Una decena de conciertos bien vistos en 3 dias.

 

Azkena (I) Viernes 19.

La previa, la comida: El Sagartoki ya no es lo que era. Cocina fusión y DJ ambiental. Aunque siguen haciendo como nadie el chuletón y para qué negarlo, nos sentó todo de miedo. Ya a media tarde, primer concierto: Dubrovnicks, australianos con dos álbumes soberbios de “turbo rock” a principios de los 90’s pero que en directo, recién reunidos, no acabaron de dar la talla, especialmente cuando el bajista se hacía cargo de las voces.

JD McPherson lidera un combo de rock’n’roll de gran nivel, con brillo especial para el contrabajista. Un desconocido al que valió la pena descubrir mientras hacíamos tiempo para volver a ver, 20 años después, a D Generation. El grupo neoyorkino llevaron el glam punk a lo más alto en los 90s y muchos aún guardamos el recuerdo de su show en Zeleste con  Green Day, donde obviamente se comieron al popular trío. Reunidos con formación original al completo, ofrecieron una lección de rock y actitud, con un Jesse Malin al frente por el que no ha hecho mella su reciente época de rockero más clásico.

 

A la hora de la cena, Television interpretaron su clásicos Marquee Moon. Muy bonito todo, pero unos sosainas en el escenario. Escuchar el disco sabe a más que verlos en vivo y desde luego, sigo sin entender qué debían pintar entre los punks del CBGB a finales de los 70’s. Luego, la gente se dividió entre los canadienses lisérgicos Black Mountain y los americanos Lee Bains III & the Glory Fires. Yo me decanté por éstos últimos, esperando que ardiese el escenario con los sonidos de su disco Dereconstructed, rock canalla con sangre sureña (Georgia y Alabama), con una sección rítmica arolladora y un líder, Lee Bains, ex Dexateens, que no dio tregua. En otoño, gira por salas. No puedes faltar, ¡ya lo sabes!

Y llegó el momento del grupo más grande (y más viejo también) del festival. ZZ Top, que a mi me gustaron. Tal vez fui de los pocos que los disfruté, pero es que mi anterior experiencia con el trío tejano, en 1998 creo en un desangelado Palau d’Esports, fue deplorable. Se arrastran un poco, como los riffs de Gibbons, y recorren tanto su discografía, que el tramo central de concierto flojea. Pero tuvieron grandes momentos y un decena de hits ante los que no puedes permanecer impasible. Cheap Sunglasses, Gimme all your lovin’, Legs, Got me under pressure, Tush y La Grange son historia viva del rock’n’roll. A L7 no llegué vivo. Me las perdí en los 90s, en su mítico concierto con Faith No More en Barcelona y la espalda y el cansancio me pudo ese viernes en Vitoria. Espero que esta reunión no sea pasajera y pueda verlas en sala.

 

Azkena (II). Sábado 20.

El día empieza y me entero que algunos compañeros de viaje se van a jugar a basket y fútbol tras la resaca y el cansancio de la noche anterior. Lo curioso es que no les pasará factura la noche siguiente! Pero vamos al guitarreo.

El problema de este ARF ha sido en mi opinión las actuaciones que se solapaban. En el Primavera Sound ya sabes que te pierdes casi todo, por exceso, pero también sabes que puedes ver 20 minutos a un grupo y luego irte a otro. En el Azkena este año no. Salvo los del escenario principal, los conciertos de los otros dos escenarios coincidían exactamente a la misma hora, así que o te decantabas por el escenario alternativo o por el de rock más clásico. Y en éste empezamos la segunda jornada, viendo a The Outside Hours, grupo catalán con un blues-rock-garagero bien ensamblado, y dejando en el olvido a Eagles of Death Metal, cachondos pero ya vistos.

A las 19.45 directos al escenario principal a ver a Cracker, previsiblemente uno de los grandes conciertos del ARF, a la postre, el mejor. Aunque deberían ocupar el horario central del festival, su semiéxito en los 90’s no les ha hecho aún acreedores de mejores horarios, a pesar de una carrera envidiable (ni un disco malo) y un directo sólido. Sin duda, demostraron que son uno de los mejores grupos desconocidos del planeta, con un compositor y vocalista brillante como es David Lowery y, uno de los más infravalorados guitarristas de la actualidad, Johnny Hickman.

 

Reigning Sound, rock’n’roll de Memphis comandado por Greg Cartwright, no hacen justicia a sus canciones. Con una capacidad innata para componer y actualizar el sonido de los Sun Studios, en directo suenan brutales… con los ojos cerrados. El grupo permanece muy estático (algo menos que cuando les via hace unos años en Apolo), y en especial su bajista, que no parece disfrutar la experiencia de subirse a un escenario. Con que escuches sus discos, suficiente, aunque algunos disfrutamos la actuación, a pesar de los pesares.

La ración metalera de la noche empezó con Mastodon, que no me acaban de convencer, y finalizó con los noruegos Kvelertak, tremendos, brutos, salvajes, con un metal-hardcore contagioso y anfetamínico. La mitad de la actitud de todas las bandas festival se la llevaron ellos solos. Visto su show, no sé cómo reaccionarían los asistentes al Primavera Sound el pasado año. En medio de ambas bandas, John Paul Keith, una recreación de Buddy Holly con bonito repertorio y un dominio especial de la Telecaster.

Aquí os dejo con un fantástico resumen en video y una playlist para acabar de disfrutar lo que fue el ARF.

 

Kiss, domingo 21

La vida tiene mucho de deja-vu. Hace unos años volvíamos del Azkena para ver la actuación de Aerosmith en el Sant Jordi. Un Azkena con Kiss y Chris Isaak, y cuya víspera nos trajo también a Kiss el jueves en Barcelona. O sea, cuatro dias enteros de rock’n’roll. Y algo parecido tuvo este pasado fin de semana. Vuelta de Vitoria con Kiss que nos esperaban para un espectáculo casi familiar, con muchos niños y montones de maquillaje entre el publico. Y es que a esta banda hay que verla varias veces en la vida (5 llevo yo), y llevar a tu descendencia a semejante espectáculo forma parte de la herencia cultural que, sí o sí, debes dejarles.

Volviendo al concierto, buen show como no podía ser de otra forma, gran montaje, fantásticos efectos y buen repertorio, no tan bueno como el de la anterior gira pero repleto de hits coreables. A pesar de que sigo echando en falta Heaven’s on fire o Strutter, que llevan años escondiéndolaa, y que Crazy Nights debería volver al setlist. Lo más destacable, y me habían avisado, la poca voz de Paul Stanley, lo cual permite pensar que el repertorio se acaba formando con el material de Gene Simmons, erigido casi en vocalista principal.

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