La muerte. La vida. La música.

El 2016 musical empezó con la muerte de David Bowie y finaliza con otra, la de George Michael. Por medio, varios traspasos más, montones de buenos discos y grandes momentos vividos en directo. En unas líneas, mis momentos musicales del 2016.

La Muerte.

Con Bowie empezó todo. Jamás le vi en directo, pero su música me ha acompañado desde que editó Let’s Dance (1983), así que la noticia me entristeció. Su último disco, Blackstar, no me gustó en su primera escucha y sigo sin apreciarlo demasiado incluso conociendo su significado y a pesar de que casi toda la crítica lo ha considerado el disco del año. No te fies de un crítico, dicen. Salvo cuando te hablan maravillas de Spiders from Mars, Diamond Dogs o Young Americans.

En marzo se iba George Martin, con 90 años, y como mínimo ocho de esos años han marcado parte de los 50 últimos de media humanidad. Los que van del 62 al 70, cuando ejerció de productor de los Beatles.

Prince (Prince Rogers Nelson) fue el tercer monstruo en dejarnos. Un absoluto genio, lo tenía todo: talento, imagen, groove, funk, rock. Y era un guitarrista excepcional al que, coincidencia o no, también me perdí en directo.  ¿Qué me dices de esta versión de I could never take the place of your man?

Se fueron también Glenn Frey, de los Eagles, y Keith Emerson (Emerson, Lake & Palmer), pero nunca me interesaron especialmente los segundos y de los primeros apenas me llenan un puñado de canciones algo más cálidas que el resto. Y nos dejaron el plomizo Leonard CohenScotty Moore, el guitarrista de Elvis, un tipo del que han aprendido todos los guitarristas influyentes del rock.

Otro de los recuerdos del 2016 es para el fallecido hijo de Nick Cave, que grabó Skeleton Tree como terapia por su pérdida. Y me quedé a cuadros cuando The Tragically Hip anunciaron que a su cantante, Gordon Downie, le había sido diagnosticado un tumor cerebral terminal. Tras eso publicaron Mean Machine Poet (aunque incluye la magistral What Blue), que no es su mejor disco, pero posiblemente sea el último, y dieron una tanda de recitales por Canadá que dejaron momentos impagables. Espero que alguien se haya equivocado con el diagnóstico.

 

La Vida.

Recalcaba antes lo del directo, porque me apasiona ir a conciertos y porque es donde de verdad se aprecia la valía de un artista. Un gran concierto es un momento impagable, la espontaneidad absoluta. Magia. Vida.

Este año vi por fin a The Who, y debería decir que el resto no ha importado (aunque no ha sido así). En mi festival favorito, Azkena, y en una forma espléndida. Instantes antes, aparecía un cartel con un “keep calm” imposible. Imposible mantenerse tranquilo. La impaciencia era grande.  Hora y media, con un repertorio de ensueño.

 

Tener a Roger Daltrey y Pete Townshed a pocos metros del escenario mientras suena la intro de Baba O’Riley resultó indescriptible. Como dijo un colega, “acaba de sonar en Azkena una de las canciones más míticas de la historia del rock”. Y llevábamos otra decena antes. Ya he visto a The Who. Emocionante y brutal!

De todos los conciertos vistos este año recuerdo especialmente algunos que empiezan por “B”. El de los reunidos Black Halos, teloneados nada menos que por el mítico Sylvain Sylvain (New York Dolls) que se hacía acompañar por Sami Yaffa (Hanoi Rocks, New York Dolls) y Stevie Klasson (Diamond Dogs). Concierto en la nueva sala Monasterio, en el Port Vell de Barcelona, zona a priori nada apta para el rock’n’roll, donde abundan las discos y los fumaderos de opiáceos.

También dieron grandes noches Baroness (en Apolo) y, cómo no, Bellrays (en Bikini). Y por supuesto, el Boss, Bruce Springsteen, en el inicio de su gira europea de The River (en el campo del Barça), con un concierto maratoniano en el que se echaron en falta algunos temas del río (Cadillac Ranch o You Can Look But You Better Not Touch) pero con 3h y media pletóricas. Definitivamente “B is the word”, como decía la letra de Surfin’ Bird.

 

Otro gran show fue el de The Steepwater Band (en Rocksound) interpretando completo el mejor directo de los Stones, Get Yer Ya Ya’s Out (iniciativa de la promotora ACaraperro), de la manera en la que nos gustaría ver a Jagger y Richards en la actualidad: en un club y sudando sonido setentero.

Y no puedo olvidarme de Maniobra de resurrección, la gira de reunión de los granadinos 091 vista en tres partes: parte 1, Azkena (3 canciones); parte 2, Cruïlla festival (unos 70′); parte 3, Razzmatazz (2 horas, show completo). Apabullantes.

Y me remito a la sección siguiente para hablar de Hellsingland Underground, que vinieron en primavera a presentar su cuarto disco y dieron un bolazo en Razzmatazz 3 ante apenas 50 personas.

 [Actualizado 31.12] Sabía que me dejaba algo: en Rocksound hemos visto durante los últimos años a grandísimas bandas pequeñas en fantásticas noches previstas e imprevistas. En Rocksound hay vida y la seguirá habiendo. Lamentablemente, este año nos dejó Javi  Ezquerro, alma mater de una gran mayoría de los bolos que allí he visto. Prefiero mencionarlo en esta sección de directos. 
Música.

Muerte o vida, las líneas precedentes iban de músicos y música. Y las que siguen también. En este caso, enlatada. Discos y canciones que me han gustado, me han emocionado, me han levantado de la silla o directamente me han volado la cabeza.

Hellsingland Underground, con Understanding Gravity, se llevan mi premio a disco del año. Un cruce entre Thin Lizzy y Lynyrd Skynyrd, entre el rock clásico y el rock sureño, repleto de canciones redondas. Un 10. Canciones destacadas: Earth’s gonna shake, No regrets, Golden haze.

 

The Cult, con Hidden City, siguen volando alto tras treinta años de carrera. Atrás quedaron los maravillosos tiempos góticos (Love) y los del hard rock (Electric, Sonic Temple) para ampliar abanico con un rock alternativo de amplio espectro. Este es su mejor disco desde 1994 (“el de la cabra”). Un 9. Canciones destacadas: Dark energy, Dance the night, Goat.

 

Drive by-Truckers, con Americand band, publican su mejor disco. Los conocimos en el 2001 con Southern Rock Opera, una oda al sur americano, y tras muchos discos buenos, que no brillantes, confrontan su particular visión sobre Estados Unidos con un cancionero que paladear en directo con urgencia. Un 8. Canciones destacadas: Surrender under protest, Ever South, Ramon Casiano.

 

Más discos destacados y destacables: el reposado Mangy Love de Cass McCombs; Punks in a disco bar, de Beach Slang, los nuevos Hüsker Du; Bang Zoom Crazy Hello, de Cheap Trick, clásicos vigorosos; Why are you ok, de Band of Horses; o el rap combativo de Let them eat caos de la británica Kate Tempest. Atentos, que Cass McCombs y Beach Slang actúan a principios de año por aquí, Cheap Trick estarán en el Azkena y Kate Tempest dará un par de actuaciones en el Primavera Sound.

Y me han parecido brutales algunos discos publicados por grupos de aquí, como el Pomes Agres de Les Cruet (harcore punk); A Todo Que Sí de Los Zigarros (rock’n’roll); The Collapse of Everything de Pájaro Sunrise  (indie rock); Changing my Way de Ruth Baker Band (soul rock). Y ya puestos, recomiendo las ediciones remasterizadas de los discos de 091, que aún mejoran lo inmejorable.

 

Mención aparte para la música de radiofórmula. Cuando la adolescencia entra por la puerta, las listas de éxitos dance/pop sabotean algunas neuronas. Así, que entre el chumba-chumba y regetón que escucha mi hija, aparecen perlas de disco, pop o latino: las de Rihanna hace años que me gustan (y confieso que el primer disco suyo que entró en mi casa lo compré yo. ¡Oohh!!) así que Work, junto a Drake, me sigue gustando tras mil escuchas, igual que la que grabó con Calvin Harris, This is what you came for. Temazo es el de Santana con Michelle Branch, The Game of Love, aunque tal vez sea por los punteos del maestro. Y las canciones de Sia, suelen ser excelentes. Aquí una lista con una hora (el máximo que uno puede aguantar) de radiofórmula.

En otro paquete, de nuevo en mi terreno sitúo trabajos que se me pasaron por alto en su momento y estoy descubriendo justo estas últimas semanas, aprovechando las listas con lo mejor del 2016 que se publican en revistas y foros amigos. De entre los discos de aquí, el americanísimo North de Morgan. Y de entre los de artistas extranjeros, el lisérgico y alocado Nonagon Infinity de King Gizzard and the Lizard Wizard, Unseen de Handsome Family (country gospel), Pretty Years de Cymbals Eat Guitars

Y suma y sigue. Por muy fans que seamos de los Beatles, los Stones, Led Zeppelin y Van Halen, se siguen publicando año tras año montones de discos maravillosos. Basta con tener curiosidad, las orejas abiertas y ganas de disfrutar el momento.

 

3 Comments

      1. Uf, no lo tengo claro y no sé si prefiero que este año 2016 haya sido una coda maravillosa a su carrera, donde se les ha hecho justicia, o el inicio de una segunda parte.Dicho esto, presiento que antes de 2020 sacarán disco.Si es así, a ver qué tal, y si, por lo menos, las nuevas canciones mantienen el nivel…todo un reto.091, bigger than life.Les ví 6 veces este año y el concierto de octubre en Barcelona fue magistral.Por lo pronto, en 2017 habrá nuevo disco de Lapido, lo cual siempre es una buena noticia.

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