Mi música favorita del 2017

Estos dias he acabado de recopilar mis discos favoritos del año 2017.  Para variar, escuché mucha música, y he encontrado discos buenísimos de bandas actuales, tanto populares y mainstream como  underground o muy desconocidas… al menos por aquí.

Se me han quedado en el tinero algunos discos de esos que las prensa especializada pone en sus listas de fin de año y que ni sabía que existían y bastante música de artistas españoles. He escuchado poco y, debo reconocer, que la mayoría no me ha convencido. Aunque me gusta el rap, no conecto demasiado con Kase O y todo el trap este que se pone de moda. Y muchas de las bandas indies no me dicen nada; sin ir más lejos, Vetusta Morla. Y por otra parte, esperaba más de los últimos trabajos de Julián Maeso o Rufus T.Firefly. Así que poco he seleccionado.

En lista única mis 25 favoritos de allá y de aquí en orden apropiado para  disfrutar hora y media de la playlist de Spotify. Podía haber entrado alguno más, como el de Peter Perrett (ex de los Only Ones) que acabo de descubrir estos dias, pero la gracia es la selección.  ¿Por qué 25? No sé, por no quedarme con 10 o 15 supongo y no ampliar sin sentido. Así que esto es lo que hay. Ah!, mucho de ello interconectado por la música de Black Keys. Escucha mientras lees.

 

  • Village, de Queens of the Stone Age. Son el grupo de rock más innovador de la última década y, aunque éste no está a la altura de su anterior Like clockwork, material como Fortress o el bailable The way you used to do están entre lo mejor de su repertorio. Produce Mark Ronson, uno de los productores pop de moda.
  • Prophets of Rage, de Prophets of Rage. Tomando por título una vieja canción de Public Enemy, han unido fuerzas Rage Against the Machine (sin Zack de la Rocha), y los raperos B-Real (Cypress Hill) y Chuck D (Public Enemy). Nada nuevo, pero un cañonazo.
  • The underside of power, de Algiers. Garage del siglo XXI, aunque el tema título es soulero y contagioso. Me los perdí en directo, así que asignatura pendiente.
  • Face your fear, de Curtis Harding. Desconocía a este treintañero de Michigan cuyo estilo me recuerda a un cruce entre  Al Green y Terence Trent D’Arby (ahora Sanantra Maytreya) pero este disco me ha entrado tantísimo que desde ya lo sigo con atención y babeando. Posiblemente, mi disco favorito del año. Neo soul producido por Danger Mouse (Black Keys, Norah Jones, Gorillaz).
  • Hang, de Foxygen. Banda californiana de pop setentero. Llevan ya diez años pero hasta este disco no les había escuchado como merecen. Un disco buenrollista y pegadizo de principio a fin.
  • My love devine degree, de Cody Chesnutt. Descubrí a este hombre hace años, recién publicado su doble disco de debut The Headphone Masterpiece (2002). Desde entonces sólo un par de discos más, el segundo del 2012 y éste último. Un gran fusionador de todos los sonidos negros: soul, funk, reggae, hip-hop…
  • Goin’ Platinum!, de Robert Finley. En el MOJO del pasado diciembre  viene un completo artículo sobre este sexagenario de Louisiana, con años de música a sus espaldas, pero que no ha empezado a grabar hasta su jubilación. Este es el segundo y es una puta maravilla. Produce Dan Auberbach (Black Keys). Gracias a Edu Izquierdo por la recomendación.
  • Lotta see lice, de Courtney Barnett & Kurt Vile. Estrellas emergentes del rock indie americano (aunque ella es australiana) han fabricado un gran disco a cuatro manos, dos mentes y un solo corazón, demostrando que Kurt tenía ideas claras cuando abandonó a The War on  Drugs antes de triunfar y que Courtney no es flor de un dia. Y sí, una pareja alternativa y para bien, a los alternativos y cansinos Kurt Cobain y Courtney Love.
  • A deeper understanding, de The War on Drugs. Y hablando de la banda de Adam Granduciel, siguen mostrando un nivel altísimo, aunque aquí se ha relajado y ha ido a lo seguro. El mismo sonido Fleetwood Mac-Mark Knopfler-Neil Young que me dejó perplejo en sus anteriores álbumes. Casi toda la crítica lo ha puesto en los primeros puestos del podio del 2017, pero Lost in a Dream fue el disco del 2014 por algo, y este no.
  • Prisoner, de Ryan Adams. Poco que decir. Es uno de mis artistas favoritos desde hace quince años. Nadie factura rock americano como él, potente, melódico y cristalino como lo hacía Tom Petty. En Prisoner baja un poco el listón en relación a sus últimos trabajos (el homónimo de 2014 es uno de los mejores discos de la década) aunque nadie lo diría escuchando Do you still love me o Doomsday.
  • The Nashville Sound, de Jason Isbell and the 400 Unit. Como Drive-by Truckers siempre me han parecido irregulares, no he seguido mucho la trayectoria de sus miembros en solitario. Pero todo el mundo hablaba maravillas de la discografía de Jason Isbell y cuando me he decidido a escucharlo propiamente me he caído de culo. Si me pongo categórico diría que es el disco de americana del año, sí, mejor que el de Ryan Adams.
  • Sleep well beast, de The National. No sé que tienen pero me fascina su música. Pop oscuro con voz grave, al estilo Nick Cave cuando se pone tierno (ok, ahora ya sé qué es lo que tienen). Después de cuatro años, ha merecido la pena la espera. Tan bueno como su anterior, Trouble will find me. Por cierto, ahora que lo pienso, no conozco a ninguna otra banda de Cincinnati. Son una rareza.
  • I see you, The XX. Curiosa elección, pues el pop bailable de estos ingleses nunca me había dicho demasiado, y en el Primavera Sound de este año aguanté solo medio concierto. Pero el álbum me ha entrado muy bien y es de los que más escuché el primer trimestre del año gracias a singles como Say something loving, On hold o este I dare you.
  • Melodrama, de Lorde. Uno de los pocos discos pop que alcanzaron merecidamente el número uno en el Billboard en 2017. Una producción brutal la de esta joven neozelandesa de 22 años. Entre ella y Sia, el pabellón del pop oceánico campa merecidamente a sus anchas.
  • We’re allright, de Cheap Trick. Pocos hardrockeros de los 70’s siguen tan en forma como ellos. De los creadores de Surrender, Dream Police o I want you to want me, llega aún material de primera.
  • Heavy fire, de Black Star Riders. Lo que queda de Thin Lizzy, básicamente Scott Gorham, con Ricky Warwick (The Almighty) al frente sonando (casi) como Thin Lizzy pero sin Phil Lynnot. Mucho mejor que seguir tocando bajo el nombre de su antigua banda.
  • Concrete and Gold, de Foo Fighters. (Casi) todo lo que hace Dave Ghrol me gusta así que su nuevo disco no podía ser menos. Bastante mejor que el anterior, y aunque aún dolido por no haber podido asistir a ese show secreto que dieron en Barcelona, sigo disfrutando el disco con asiduidad. ¡Concierto ya!
  • Near to the wild heart of life, de Japandroids. Dúo canadiense de guitarra y batería que cada dia graban mejor material (también más accesible). Buenísimos en disco y con un directo a prueba de horario intempestivo.
  • Sentido del espectáculo, de Biznaga. Primer grupo patrio de la lista. El segundo disco de esta banda madrileña sigue mejorando lo bueno de su debut. Punk-rock con grandes letras.  Menos trap y más rock guitarrero como éste.
  • Polinèsies, de Xarim Aresté. Lo de este tio es espectacular. Lo descubrí en directo hace años con su antigua banda, The Very Pomelo. Luego vi que Sopa de Cabra lo habían fichado como guitarra de apoyo para su gira de regreso. Y poco después empezaba a publicar material en solitario y bajo su propio nombre. Y resulta que no sólo es un guitarra espectacular sino un compositor de primera y de lo más versátil. Mi disco favorito de los publicados por un grupo de aquí en 2017.
  • Duende, de Band of Heathens. Cuando en Rocksound programan algo hay que echarle un ojo. Y eso hice cuando vi el anuncio de que unos tales Band of Heathens actuarían allí antes del verano. Ataqué Spotify y caí rendido, aunque no sé aún porqué finalmente no fui a verlos. Entre The Band y la Creedence, más o menos. Palabras mayores.
  • Waiting on a song, de Dan Auerbach. La mitad de The Black Keys sigue la estela de Jack White y se prodiga en todos los ámbitos: además de su banda, graba en solitario y produce a terceros (como he escrito antes, escucha el de Robert Finley). Su disco en solitario me recuerda al material del maestro Nick Lowe. Pues eso.
  • We got it from Here. Thank you 4 your service, de A Tribe Called Quest. Hace años que no escuchaba rap con asiduidad, pero tener una hija adolescente fan de Emimen da para mucho. Hace poco decidí hacerle una recopilación del mejor hip hop que conozco y redescubrí a esta tribu inactiva desde hacía veinte años. Se reunieron, empezaron a grabar un nuevo disco, y, por desgracia, uno de los líderes del grupo falleció en pleno proceso. Un gran testamento.
  • Résistance, de Songhoy Blues. Grupo africano de Mali de sonido blues rock muy percusivo. Este disco no hace sino confirmar lo que ya mostraron con su debut, Music en Exile. Asignatura pendiente en vivo.
  • Journey to the Mountain of Forever, de Binker and Moses. Binker Golding (saxo) y Moses Boyd (batería) son dos de los más activos exponentes del nuevo jazz británico y se han cascado un segundo disco doble tremendo. Esto no es rock ni pop, y en jazz soy un conocedor de medio pelo, aunque al escucharlo me recordó a Coltrane y ese 10% de veces que escucho jazz  lo he repartido entre el de Singles de Sun Ra, diversos clásicos y éste. Así que, ¿por qué no ponerlo en la lista?

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